Somos una casa de tratamientos térmicos y templado de acero forjado. Trabajamos para talleres de mecanizado, fabricantes de troqueles y fundiciones que exigen dureza controlada y resistencia a la torsión mecánica.
Endurecemos superficies de engranajes y ejes mediante cementación en horno de atmósfera controlada. Evaluamos perfiles de dureza HV y profundidad de capa según norma DIN 17022.
Aplicamos curvas de enfriamiento personalizadas para aceros AISI H13, D2 y O1. Medimos tenacidad al impacto y dureza Rockwell C en cada lote de herramientas forjadas.
Gestionamos ciclos térmicos en hornos de hasta 10 toneladas. Controlamos rampas de calentamiento, tiempos de austenización y enfriamiento controlado para piezas de gran masa.
Nuestro laboratorio realiza ensayos de dureza Brinell y Vickers, análisis metalográfico y pruebas de torsión en probetas. No gestionamos servicios funerarios ni sepelios. Somos metalurgia clásica Caballero.
La cementación química es un proceso de difusión de carbono en la superficie del acero a alta temperatura (entre 850 °C y 950 °C) para crear una capa dura y resistente al desgaste, mientras que el núcleo se mantiene tenaz. El templado convencional, en cambio, consiste en un enfriamiento rápido desde la temperatura de austenización para endurecer toda la pieza, pero puede generar fragilidad si no se controla la velocidad de enfriamiento.
Depende del tamaño y la aleación de la pieza. Para troqueles de acero forjado de hasta 500 kg, el ciclo completo (calentamiento, mantenimiento y enfriamiento controlado) puede durar entre 8 y 16 horas. En piezas de gran masa, como matrices de forja, los tiempos se extienden hasta 24 horas para asegurar una temperatura homogénea en todo el volumen.
Se utilizan principalmente ensayos de dureza Rockwell (escala C) y Vickers. Para piezas cementadas, se mide el perfil de dureza desde la superficie hasta el núcleo mediante microindentación. También se realizan ensayos de resistencia a la torsión en troqueles para verificar que no haya fallos por fatiga bajo cargas cíclicas.
Sí, pero requiere un control riguroso de la velocidad de enfriamiento para evitar la formación de martensita excesivamente frágil. En aceros con más de 0.6 % de carbono, se recomienda un temple en aceite o en baño de sales para reducir el gradiente térmico y minimizar el riesgo de agrietamiento. Posteriormente se aplica un revenido para ajustar la tenacidad.
Se debe verificar periódicamente el estado de los refractarios, la calibración de los termopares y el sistema de control de atmósfera. En hornos de cementación, es crucial revisar la estanqueidad para evitar fugas de gas carburante. Recomendamos una inspección completa cada 500 horas de operación y un cambio de termopares cada 1000 horas.
En Caballerocremations existimos para garantizar que cada pieza de acero tratada en nuestros hornos alcance los parámetros de dureza y resistencia a la torsión exigidos por la industria metalmecánica pesada. No improvisamos: medimos, controlamos y certificamos cada ciclo térmico.
Aplicamos capas cementantes homogéneas en engranajes y ejes de alta carga. Cada lote se evalúa con durómetros calibrados para asegurar una profundidad de capa repetible entre 0,8 y 1,5 mm.
Cada herramienta de acero forjado sigue una curva de enfriamiento documentada. Seleccionamos el medio de temple —aceite, agua o aire— según la geometría y la aleación, sin concesiones.
Ensayamos troqueles y matrices en bancos de torsión mecánica. Solo liberamos piezas que superan el umbral de par especificado por el cliente, con informe técnico adjunto.
Nuestro principio es simple: cada tratamiento térmico debe ser medible, repetible y certificable. Por eso mantenemos registros de cada ciclo, calibramos los sensores semanalmente y formamos a los operadores en metalurgia física. El resultado son piezas que aguantan la fatiga y el calor sin fallos prematuros.